sábado, 12 de abril de 2008

Reportaje Secuestrados: agonía en la oscuridad


Colombia, un país de 44 millones de habitantes, tiene a 3.200 personas secuestradas en manos de distintas guerrillas, delincuencia común y mafia. El ritmo de hoy es de un secuestro al día. Las últimas noticias sobre la precaria salud de la que fuera candidata a la presidencia, Ingrid Betancourt, ha movido al reportero Jon Sistiaga a permanecer veinte días en el país latinoamericano para hablar con antiguos secuestradores y ofrecer testimonios de los que fueran víctimas. El reportaje, 'Secuestrados: agonía en la oscuridad', se emite este viernes en Cuatro, a partir de la medianoche.

El vicepresidente de Gobierno colombiano, Francisco Santos, declara ante las cámaras que terminarán 2008 «nada más que con doscientos secuestros, que no son muchos comparados con los dos mil o tres mil de hace algunos años», explica con resignación. El programa entrevista a antiguos miembros de la guerrilla, que cuentan cómo son los métodos de secuestro y de financiación de su causa, así como a varios delincuentes comunes que se dedicaron en su día al rapto como negocio.

El reportero vasco habla también con distintos policíacas que han detenido a secuestradores y explican cómo algunos son padres de familia con hijos que no tienen ningún empacho en secuestrar «como un trabajo normal y corriente; y si la cosa se complica, venden el preso a guerrilleros que realizan otro tipo de secuestros más largos, de años y años», explica Sistiaga.

En opinión del periodista, los guerrilleros, de las FARC o el ELM han perdido ese elemento romántico que lucha por una Colombia mejor, más justa y con riqueza más repartida. «En su ideario puede seguir existiendo ese objetivo, pero, a causa sobre todo de la labor ilegítima de la cocaína, ha perdido su horizonte. Comercia con la coca como arma para seguir subsistiendo militarmente hablando, y demuestra una crueldad terrible con sus secuestrados que se ha endurecido con los años todavía más». Las FARC tienen ahora 700 personas secuestradas para sacarlas dinero. Además, otras cuarenta (policías, militares, políticos) para canjearlos por guerrilleros presos. «Llaman a estos canjes 'humanitarios' cuando algunos llevan más de diez años en la selva en una situación tan poco humana, pudriéndose de asco, mientras que los guerrilleros están en la cárcel donde tienen comida y atención sanitaria».

Para Sistiaga, el secuestrador incurre en un delito peor incluso que el disparo de un sicario. «Al sicario le basta una foto para matar, mientras que el que secuestra convive con el secuestrado, llega a conocer sus emociones, su forma de pensar, puede intimar con él o tener una empatía, pero no dudaría en pegar un tiro, sobre todo las guerrillas, si así se lo ordenan», explica.

'La joya de la corona'

El reportaje pone de manifiesto cómo Colombia parece estar saliendo del acostumbramiento a esta triste espiral para entrar en un rechazo cívico y social a ciertas prácticas que se daban por 'normales' y en las que la violencia era moneda de cambio entre guerrilla, paramilitares, ejército, delincuencia común, sicarios y narcotraficantes.

¿Tendrá salida el caso de Ingrid Betancourt?. El autor del reportaje indica que esta mujer de precaria salud se ha convertido en «la joya de la corona de las FARC, ella es consciente de ello y sabe que va a ser la última en salir, sea el que sea el arreglo al que se llegue». En estos momentos se mantiene un juego de geoestrategia y diplomacia donde las FARC reclamarán un territorio «para considerar que tienen 'liberado' parte de la superficie de Colombia».

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